Entrevista en 'cermi.es' a Óscar Moral: "Las personas con discapacidad deben empoderarse y rebelarse ante la discriminación"

202112 Nov.

Óscar Moral

En 25 años no se ha podido alcanzar este objetivo de acabar con la discriminación hacia tantas personas, por eso Óscar Moral se muestra todavía combativo y reivindicativo y anima a las personas con discapacidad a empoderarse y rebelarse ante la discriminación. El CERMI ha luchado y ha demostrado una gran paciencia en sus demandas, ha colaborado con su profesionalidad e impulsado una normativa que por fin reconoce la plena ciudadanía de las personas con discapacidad. Ahora queda garantizar esos derechos, lograr el cumplimiento de las leyes.

Hace 25 años, cuando conoces el CERMI, su idea de la unidad y sus objetivos, ¿crees que es un planteamiento demasiado complicado?

Sí lo parecía a primera vista, el CERMI agrupa a 8.000 organizaciones, por lo tanto, la dificultad es evidente y parecía una idea con un cierto grado de utopía, lograr que tantas organizaciones, tan diversas, encuentren espacios comunes y confíen en ceder espacios de representación no parecía sencillo y no ha sido fácil, ni sigue siendo fácil, porque la unidad es preciso trabajarla todos los días, mantener criterios conjuntos, uniformes, de defensa, en los que todo el mundo se sienta cómodo y representado. Sin embargo, el CERMI consigue hacer ver a todas las organizaciones que se unen en esta plataforma que hacen falta otros referentes más globalizadores, que den respuesta más amplia y ayuden a un cambio trascendental para el mundo de la discapacidad, que es cambiar de paradigma, de modelo, de visión de la discapacidad. 
 
¿Cómo contribuyes a este proyecto en sus inicios?
 
Llego al CERMI en 2001 porque Miguel Ángel Cabra de Luna me traslada la posibilidad de colaborar en el incipiente servicio jurídico, para dar respuesta, escuchar y orientar a personas o entidades que trasladen cuestiones jurídicas al CERMI. Sin embargo, el CERMI Estatal no es un prestador de servicios, quizás este es el único servicio que presta, pero lo bueno que tiene además es que esta actividad le permite conocer realidades que de otra manera es difícil que lleguen, en definitiva, qué es lo que preocupa a las personas y lo que, en su día a día, son dificultades, las quiebras del sistema, cuestiones no resueltas o que requieren nuevas herramientas jurídicas y que esas personas encuentren sus derechos garantizados.
 
¿Cuál era hace 25 años la principal lucha que tenía que asumir el CERMI como plataforma representativa de la discapacidad?
 
Disponíamos de una norma del año 82, la Ley de Integración social de minusválidos (Lismi), y hacía falta un corpus normativo importante y lo ha ido trabajando progresivamente, no lo ha realizado el CERMI, pero en gran parte es gracias a su impulso, perseverancia, persistencia, resistencia, incluso a las negativas en ocasiones. Se ha conseguido en gran medida una mayor claridad jurídica y ahora estamos en la fase de que se cumpla. También preocupaban entonces cosas muy elementales, desde el propio contacto con la administración para el reconocimiento de la discapacidad, hasta las prestaciones derivadas de la misma; o situaciones como la de los menores con discapacidad en el ámbito educativo, o en el universitario, y por otra parte el ámbito laboral, que sigue siendo otro de los grandes retos, conseguir cotas asimilables al resto de la población, y no estamos cerca.
 
¿Cómo has vivido estos 25 años del CERMI y todo lo que se ha luchado y conseguido?, ¿qué sensaciones tienes de esta etapa?
 
La sensación es que ha pasado muy rápido. Con lo que me quedo, sobre todo, es con que el CERMI ha impulsado, sobre todo, un cambio de modelo, de visión de la discapacidad, eso es lo más trascendente. Un cambio que no es solo español, que pretende ser universal, pero en lo que se refiere a España, que estaba muy anclada en modelos, no solo médico-rehabilitadores, sino casi asistenciales, y sin casi. El CERMI ha conseguido, gracias a su impulso, a su inteligencia en la actuación, en la estrategia, en la puesta en marcha de políticas, hacer comprender, primero a los responsables públicos y políticos, y después a la sociedad en general, que las personas con discapacidad y sus familias tienen que estar ubicados en otros lugares donde no estaban, y esos lugares es la plena ciudadanía. Obtener la plena ciudadanía, la garantía de derechos es el objetivo último del CERMI, cuando lo consigamos, si se consigue, cuando no quede atisbo de discriminación hacia las personas con discapacidad y la igualdad de oportunidades esté garantizada, tendremos que disolvernos. Uno de los objetivos más importantes trascendentes del CERMI es ese, y para lograrlo ha demostrado una infinita paciencia, algunos de esos objetivos los empecé a trabajar el primer día y han pasado 21 años y no están conseguidos, por lo tanto, la paciencia la tenemos acreditada, pero una paciencia activa, no pasiva. 
 
Como agente social, como parte de la sociedad civil, ¿qué papel ha cumplido el CERMI en favor de todas las personas?
 
El CERMI es uno de los principales impulsores del trabajo en red con el Tercer Sector; ha trabajado de una forma muy exhaustiva, muy profesionalizada, con criterio y con un método claro para lograr sus objetivos y ha mostrado y demostrado a la sociedad que la discapacidad en su conjunto, las personas y sus familias, son una parte de la sociedad importante, trascendente, y que ha estado demasiado tiempo orillada; que no quiere ser solo receptora de cualquier tipo de política, quiere ser colaboradora y colaborativa en el cambio de sociedad, porque la plena ciudadanía no es solo que te lo reconozcan, sino ser partícipe no solo en lo que te atañe a ti, participar activamente para tratar de mejorar la vida en sociedad del resto de la ciudadanía también.
 
En cuanto a la organización territorial y como presidente de CERMI Comunidad de Madrid, ¿cómo valoras la creación de esta red de CERMIS Autonómicos? ¿Qué le ha aportado al CERMI Estatal y al sector de la discapacidad en general?
 
El CERMI Estatal no puede llegar a todo y además no es recomendable hacerlo desde la centralidad. La territorialidad ha ayudado a llegar a otros ámbitos en los que se toman decisiones, comunidades autónomas, o municipios, que es donde a veces la incidencia para las personas es más palpable, se contempla de una manera más clara y donde la participación ciudadana también se muestra mejor. Los CERMIS Autonómicos han permitido una nueva visión y, esa aportación desde la territorialidad permite al CERMI conocer realidades que le llegarían difícilmente de otra manera y a los CERMIS nos permite conocer las realidades de otras comunidades autónomas. Es una simbiosis interesante y necesaria y tenemos que persistir en crear unos CERMIS Autonómicos fuertes con una interlocución potente con los gobiernos y administraciones autonómicas y locales y una gran presencia también en el ámbito de la sociedad en la que se mueven.
 
¿Cuál es el principal valor del CERMI hoy y cuál su apuesta de futuro?
 
El gran valor es mantener esa unidad. El CERMI ha hecho un trabajo importantísimo de creación normativa, aunque todavía quedan espacios de trabajo, pero el gran reto del movimiento CERMI es que la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad se convierta en una norma de gran calado en la sociedad española y todas esas grandes normas que nos hemos dado, esos avances normativos que existen sobre el papel, tengan su reflejo y su cumplimiento. No es necesario ya crear mucha más norma, aunque alguna sigue pendiente, pero sí se debe mejorar la que existe.
 
¿Puede ser más complicado ese cumplimiento normativo que haber logrado esas leyes tan necesarias para el sector de la discapacidad?
 
Posiblemente. Y hay muestras evidentes, nos hemos dado normas que tenían que haberse cumplido el 4 de diciembre de 2017, y no hemos sido capaces de cumplirlas. En palabras del presidente del CERMI, hemos fracasado como sociedad, en su conjunto, unos tienen más responsabilidad que otros, pero el legislador se ha dado normas, los padres y madres de la patria, congresistas, diputados, senadores y senadoras, han creado normas, y no las hemos cumplido. En otros ámbitos esto parece imposible, no veo el incumplimiento en la ley de circulación, por ejemplo, al revés, se persigue a los incumplidores y se trabaja para que se cumpla. En el ámbito de la discapacidad, utilizando un término de Miguel Ángel Cabra, parece que la ley es blanda, una ley que se cumple o no se cumple, es como arena que se escapa entre los dedos. 
 
Pero ese incumplimiento de supuestas leyes blandas lleva a situaciones de auténtica discriminación en la vida cotidiana de personas con discapacidad que no pueden, en algunos casos, ni siquiera salir de sus propias casas.
 
Cierto, y hablando de objetivos, uno es el cumplimiento de las normas y otro es el empoderamiento de las personas. Todas las personas con discapacidad tenemos que ser activistas de nuestros derechos, empoderarnos para defendernos. En las consultas que hemos contestado en el servicio jurídico del CERMI, que han sido cientos durante estos años, han evolucionado mucho los temas abordados. Algunas al principio eran pequeñas cuestiones, pero luego las personas que las plantean se han ido dando cuenta de situaciones en las que está siendo discriminadas, y cuando uno es consciente de algo que le discrimina, lo habitual es rebelarse. Ese aspecto lo trabaja el CERMI y hay que intensificarlo, ese empoderamiento es un gran reto porque una organización por sí misma no puede lograrlo todo, es el trabajo en conjunto de toda la sociedad, incluso de aquellos que no tienen discapacidad, que se alíen también con nosotros. 
 
Esa actuación de futuro pasa también por conseguir esa transformación, y no va a ser sencillo, no sé si vamos a tardar más que en conseguir la normativa. ¿Quién se va a oponer a conceder derechos a un colectivo habitualmente excluido? ¡Casi nadie! Nadie se puede negar en su sano juicio. Pero luego está cumplir, y eso es otra cosa. Repartir igualdad o repartir derechos requiere compromisos y en ocasiones presupuesto y ahí es donde el CERMI tiene una labor a realizar. En esta labor que nos queda hay que buscar aliados, complicidad, y eso requiere conocimiento, empatía, concienciación, no tanto solidarizarse sin más, o sensibilizarse, que es una palabra que no me gusta mucho, no me parece adecuado ese término, uno no se sensibiliza con los derechos de otro, uno los conoce, los protege y ayuda a que se protejan. No termino de ver la sensibilización en el ámbito de los derechos, sí la empatía, el conocimiento, la formación y la actuación frente a las situaciones discriminatorias o la falta de igualdad de oportunidades.
 

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